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Gastronomía


Posee Escañuela un plato de verano que bien puede conformar el santo y seña de su cocina popular y tradicional. Se trata del "cascaporro", sopa fría o gazpacho espeso, según se mire, elaborado fundamentalmente con bastante ajo, miga de pan, tomate pelado y sin pepitas, aceite de oliva, y rematado con trozos de huevo duro. Vianda que en componentes y nombre nos evidencia su parentesco gastronómico con el "pimporrete" cordobés o con la "porra fría" malagueña, de donde parecen proceder todos los gazpachos que pueblan las mesas andaluzas.

Plato, también de los días estivales, es el "ajo blanco", hecho con habas secas molidas, aceite de oliva, ajos crudos y sal, bien trabados todos en una misma salsa que habría de blanquear y dar sabor al agua fresca con la que el campesino, en otros tiempos, atenuaba en los almuerzos el calor de las faenas agrícolas propias del verano, y que hoy sigue estando vigente en las mesas de Escañuela

Para Semana Santa habrá de prepararse el "potaje de bacalao" con el que tradicionalmente se ha cumplido con la vigilia del Jueves y Viernes Santo. También propias de estas fechas de penitencia son las "tortas de regla", alargadas y rectangulares (tal vez de ahí les venga el nombre) que las mujeres de Escañuela preparaban en sus casas y llevaban a cocer a los hornos de las tahonas. Esta Semana de Pasión concluye con la preparación de los hornazos del Domingo de Pascua que habrán de ser consumidos después por todos los miembros de la familia.

Para la noche de los Santos, al comienzo del mes de noviembre, se preparan las tradicionales gachas dulces, con cuya masa sobrante son tapadas por la chiquillería las cerraduras de las puertas vecinas, en un rito, que pese a su ingenuidad infantil, guarda las claves de otros ritos ancestrales donde vida y muerte se funden en un mismo acontecer festivo.

Para la fiesta mayor de San Pedro Ad Víncula, que se lleva a cabo en los primeros días de agosto, es costumbre "matar un conejillo para La Víncula" como se conoce popularmente a la fiesta del Patrón, que luego habrá de prepararse, sobre todo, "al ajillo", sirviéndose en una fuente donde en amor y compaña darán cuenta de él los parientes y amigos.

Dentro de los postres tradicionales, Escañuela comparte con otros lugares de la provincia el peculiar arroz con castañas cocidas en leche, donde la raspadura de limón, en la que cuecen los ingredientes, y el toque final de la canela en polvo, ponen el contrapunto de aromas que tanto nos recuerdan al popular arroz con leche, tan extendido por la cocina provincial.

En las últimas décadas, con el retorno cada año para las fiestas de "La Víncula" de los hijos de Escañuela que emigraron, sobre todo, a tierras levantinas, ha arraigado como propia la costumbre de organizar por estas fechas festivas un concurso de paellas que tiene lugar en el cortijo que en otros tiempos fuera del Barón de Velasco.

 




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