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Fiestas


Conserva Escañuela de los tiempos en que su destino se hallaba unido al señorío de la casa de los Torres y Portugal, condes de Villardompardo, la devoción a San Pedro Ad Víncula. Esta advocación hace referencia a las vicisitudes por las que hubo de pasar el primer Papa, el Apóstol Simón, durante su encarcelamiento en Roma, en el año 67, en el transcurso de la persecución contra los cristianos decretada por Nerón. Esta curiosa devoción, que dio lugar a las hoy conocidas popularmente como fiestas de "La Víncula", tiene sus orígenes en los impuestos que los condes de Villardompardo pagaban al Papa de Roma, los llamados diezmos, denominados así por ser su cuantía la décima parte de las cosechas que las tierras del señorío producían. La curia romana correspondió a tales donativos concediendo al pueblo el privilegio de que pudiera denominarse San Pedro de Escañuela, enarbolando con ello como propia la bandera en la que ondea el escudo del Vaticano "La tiara papal y las llaves de San Pedro" y las cadenas que hacen referencia a la peculiar advocación a la que aquí se le profesa culto, lo que hizo posible que a Escañuela, por tales motivos, se la conociera popularmente en otros lugares como "Roma La Chica".

Es el primero de agosto el día grande de la "Fiesta de La Víncula", en el transcurso del cual se honra al santo con diversos actos que culminan en la noche con una solemne procesión. Por la mañana tiene lugar una diana musical floreada en la que las autoridades, con el alcalde al frente, invitan a los vecinos a participar en los actos del patrón. La comitiva irá recogiendo a los diferentes hermanos y cofrades y el hermano mayor invitará a todos los que componen el cortejo a un desayuno. Tradicional es también que ese día se suelten vaquillas, costumbre ésta que se ve abocada a desaparecer ante los cada vez mayores trámites y requerimientos administrativos necesarios para llevar a cabo este tipo de manifestaciones taurinas, no sin la resistencia de los más jóvenes, que reivindican de distintas maneras que no se pierda la tradición de correr las vaquillas de "La Víncula".

Mediado septiembre tienen lugar las otras fiestas significativas de Escañuela. Son las familiarmente conocidas como "La Vinculilla", en las que se veneran y procesionan las imágenes de la patrona, la Virgen de los Dolores, y de Jesús.

Antiguas celebraciones como las de San Antón, caídas en el olvido con el proceso de mecanización de las faenas agrícolas, están siendo rescatadas para la cultura tradicional, junto a otras, más arraigadas, como las de "La Candelaria", en cuya víspera se prenden lumbres al toque de ánimas.

Cuenta Escañuela con una cofradía propia con la que acudir en romería a honrar a la Virgen de Alharilla, patrona de la vecina Porcuna, y por la que los escañuelenses sienten una profunda y antigua devoción que ponen de manifiesto públicamente el segundo domingo de mayo, fecha en la que se celebra el festejo romero de Alharilla.

El día primero de noviembre se celebra la festividad de Todos los Santos, acudiéndose en Escañuela, como en otros tantos lugares de la geografía provincial, al cementerio para honrar la memoria de los familiares fallecidos, pero con la particularidad de que dicha visita se extiende en estas poblaciones hasta la una o las dos de la madrugada para cuidar, junto a las tumbas, de que no se apaguen antes de la media noche las luminarias, mariposas y velas, que durante el día se han encendido, pues en caso contrario, según una vieja creencia de los hijos e hijas de Escañuela, el espíritu del finado cuyos restos alumbraban se presentará esa noche ante quienes no cuidaron de que la luz permaneciera encendida.

 




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